Prevención y tratamiento de las escaras en personas mayores
En el ámbito del cuidado geriátrico, las escaras en personas mayores representan uno de los desafíos más críticos para la salud y la calidad de vida. También denominadas úlceras por presión o llagas, estas lesiones cutáneas no son una consecuencia inevitable del envejecimiento, sino una complicación derivada de la inmovilidad y la fragilidad capilar. La detección temprana y un protocolo de actuación riguroso son fundamentales para evitar que una irritación superficial se transforme en una herida profunda con riesgo de infección sistémica. La prevención y vigilancia de las escaras en la tercera edad son esenciales para nuestra residencia de ancianos en Granada, Residencia Visierra.
La piel del adulto mayor pierde elasticidad, grosor y capacidad de regeneración con el paso de los años. Si a esto añadimos situaciones de encamamiento prolongado o sedestación continua, el riesgo de necrosis tisular aumenta exponencialmente. Por ello, es imperativo que familiares y cuidadores comprendan la fisiopatología de estas lesiones para implementar estrategias efectivas de cuidado.
¿Qué son las escaras y por qué aparecen en la tercera edad?
Las escaras en personas mayores son lesiones de origen isquémico que afectan a la piel y los tejidos profundos. Su aparición se debe principalmente a la presión mecánica externa que comprime los vasos sanguíneos entre una prominencia ósea (como el sacro o los talones) y una superficie dura (el colchón o la silla). Al detenerse el flujo de sangre, las células dejan de recibir oxígeno y nutrientes, lo que desencadena la muerte del tejido.
Existen factores determinantes que aceleran este proceso en los ancianos:
- Inmovilidad: Es la causa principal, ya sea por demencia, fracturas o debilidad extrema.
- Fricción y cizallamiento: El roce de la piel contra las sábanas o el deslizamiento del paciente en la cama daña las capas epidérmicas.
- Humedad: La incontinencia urinaria o fecal debilita la barrera cutánea (maceración), facilitando la rotura de la piel.
- Estado nutricional: La falta de proteínas y la deshidratación impiden que la piel se mantenga resistente y dificultan cualquier proceso de cicatrización.
Identificación de las fases: De la mancha roja a la lesión profunda
Para un correcto abordaje, es vital distinguir la gravedad de la lesión. Las úlceras se clasifican en cuatro estadios evolutivos:
- Fase 1 (Eritema persistente): La piel está intacta, pero presenta un enrojecimiento que no palidece (no se vuelve blanco al presionarlo). Es la señal de alarma definitiva.
- Fase 2 (Pérdida parcial del espesor cutáneo): Aparece una herida superficial, similar a una ampolla o un raspón rosado. Aquí la barrera protectora ya se ha roto.
- Fase 3 (Pérdida total del grosor de la piel): La lesión llega al tejido graso subcutáneo. Puede presentar un aspecto de cráter profundo y presencia de tejido amarillento (esfacelos).
- Fase 4 (Afectación profunda): Es la etapa más severa, donde la necrosis alcanza el músculo, los tendones o incluso el hueso. El riesgo de osteomielitis y sepsis es muy elevado en esta fase.
Estrategias de prevención de las escaras en personas mayores
La prevención de las escaras en personas mayores es mucho más eficaz y menos costosa que su curación. Un plan de prevención integral debe centrarse en el alivio de la presión y el cuidado meticuloso del entorno del paciente. Los pilares fundamentales son:
- Cambios posturales: Deben realizarse cada 2 o 3 horas siguiendo un horario rotativo (decúbito supino, lateral derecho e izquierdo), evitando siempre que el paciente se deslice, lo que genera fricción.
- Superficies de manejo de presión: El uso de colchones de aire alternante y cojines antiescaras es esencial para redistribuir el peso corporal.
- Protección de la piel: Mantener la dermis hidratada con ácidos grasos hiperoxigenados y evitar el uso de alcoholes. Es crucial que la piel esté limpia y, sobre todo, seca tras episodios de incontinencia.
- Control de la ropa de cama: Las sábanas deben ser de tejidos naturales (algodón), estar siempre limpias y, lo más importante, completamente estiradas, sin arrugas que puedan herir la piel.
- Nutrición óptima: Una dieta rica en proteínas, vitaminas A y C, y Zinc fortalece los tejidos desde el interior.

Tratamiento de las escaras en personas mayores
Cuando la prevención falla, el tratamiento de las escaras en personas mayores debe ser pautado por profesionales de enfermería o medicina. El objetivo principal es limpiar la herida y favorecer la granulación del tejido nuevo. El protocolo estándar incluye:
- Descompresión total: Nunca se debe apoyar al paciente sobre una zona que ya presenta una escara. El alivio de la presión debe ser absoluto para permitir que el riego sanguíneo retorne.
- Limpieza de la lesión: Se utiliza suero fisiológico mediante irrigación suave. Se desaconseja el uso de antisépticos potentes como la povidona yodada de forma sistemática, ya que pueden ser citotóxicos para las células nuevas.
- Desbridamiento: Si existe tejido necrótico (costras negras) o esfacelos, el personal sanitario deberá retirarlos mediante geles, pomadas enzimáticas o cirugía menor para que la herida pueda cerrar.
- Uso de apósitos avanzados: Dependiendo de si la herida supura mucho o poco, se utilizarán hidrocoloides, espumas de poliuretano o apósitos de plata en caso de sospecha de infección.
- Manejo del dolor: Las curas pueden ser dolorosas; es vital administrar analgesia previa según prescripción médica.
Conclusión
El manejo de las escaras en personas mayores requiere un compromiso constante entre el equipo sanitario y los cuidadores. La vigilancia diaria de las zonas de riesgo —talones, sacro y caderas— es la herramienta más potente de la que disponemos. Una escara detectada en Fase 1 tiene un pronóstico excelente, mientras que una lesión avanzada compromete seriamente la vida del anciano. La clave del éxito reside en una higiene impecable, una nutrición adecuada y, sobre todo, en la movilidad constante. Proteger la integridad de la piel es proteger la dignidad y la salud de nuestros mayores.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
En personas con factores de riesgo elevados (deshidratación, diabetes, inmovilidad total), una escara puede empezar a formarse en tan solo 2 a 4 horas de presión ininterrumpida. De ahí la importancia vital de los cambios posturales frecuentes.
No. Existe la creencia errónea de que masajear una zona roja mejora la circulación. Sin embargo, si ya hay una lesión inicial, el masaje puede dañar aún más los capilares frágiles y acelerar la formación de la llaga. Lo correcto es aplicar suavemente aceites protectores sin presionar.
Se recomiendan las sábanas de algodón siempre bien estiradas. Los sacos de dormir o mantas pesadas pueden dificultar la transpiración y generar pliegues que dañen la piel del paciente durante sus movimientos.
Debe buscar atención médica inmediata si la herida desprende mal olor, presenta pus, la zona circundante está muy caliente e inflamada, o si el paciente presenta fiebre, ya que estos son signos claros de una infección que puede pasar a la sangre (sepsis).

